SINOPSIS
Hay hombres que no buscan dejar huella, y sin embargo acaban convirtiéndose en memoria. El último redoble es una novela literaria y emocional que se adentra en el corazón de Moratalla (Murcia) para contar la historia de Jesús, un hombre sencillo del campo cuyo latido vital queda unido para siempre al sonido del tambor.
Ambientada entre el mundo rural de Hondares y las calles del pueblo, esta obra recorre varias décadas de vida marcada por el trabajo duro, la familia, la tradición y la transmisión silenciosa de los valores que sostienen a una comunidad. Desde la infancia humilde, cuando un niño golpea una lata como si fuera un tambor, hasta el reconocimiento colectivo que lo convierte en referente vivo, la novela traza un retrato íntimo y honesto de quienes construyen la historia desde abajo.
El último redoble no es solo una novela sobre la Semana Santa ni sobre la tamborada de Moratalla. Es una crónica de la memoria popular, del respeto heredado, del peso de los mayores y del relevo generacional. A través de escenas cotidianas —el trabajo en el campo, la vida familiar, los silencios compartidos, los gestos mínimos— la narración construye un mundo reconocible y profundamente humano.
Con una prosa cuidada, sobria y evocadora, Martín Julià retrata el amor contenido entre Jesús y Carmen, la autoridad severa pero justa del Padre Pascual, la mirada vigilante de Madre Encarnación y la red de vecinos que observan, callan y transmiten. El tambor atraviesa toda la novela como símbolo: no como ruido, sino como lenguaje; no como espectáculo, sino como identidad.
Esta es una novela sobre la dignidad de lo sencillo, sobre el arraigo a la tierra, sobre el paso del tiempo y la certeza de que hay vidas que, sin proponérselo, acaban formando parte del alma de un pueblo. Una historia donde tradición y emoción caminan juntas, y donde cada redoble es también una forma de recordar.
Ideal para lectores de novela literaria, narrativa costumbrista, memoria rural y relatos sobre identidad, El último redoble es un homenaje a quienes sostienen la cultura popular sin discursos ni alardes, solo con constancia, trabajo y corazón.
Porque hay sonidos que no se apagan.
Y hay hombres que, sin saberlo, se convierten en memoria.
MI RESEÑA
"Su único respiro era aquella vieja lata que usaba como tambor, que guardaba como un tesoro y que golpeaba cuando podía. Aquel tambor improvisado era su manera de sentirse niño por unos instantes."
El eco de los redobles provenientes de los tambores, ese rugido que emociona y recuerda a los que ya no están, recorren cada recoveco en la vida de Jesús Martínez Azorín.
Nuestro gran protagonista nació en el casco viejo de Moratalla en 1928. Creció en un entorno modesto junto con sus padres y hermanos y desde bien pequeño aprendió, tras vivir tiempos difíciles, que debía ayudar en su hogar en todo lo que pudiera a pesar de su corta edad. Jesús, con el tiempo y la disciplina con la que su padre le instruía, no tan solo consiguió labrar tierras y sobrellevar la dura y larga jornada en los campos, también forjó su personalidad y madurez entre arados y olivos.
Su infancia no estuvo marcada por juegos de pelota o peonzas como otros niños, traía consigo una responsabilidad para con su familia y no había cabida para casi nada más. Tan solo se permitía dedicar unos valiosos momentos a su vieja lata, que usaba como tambor, siendo su bien más preciado, acompañándolo durante toda su vida.
Este libro no se trata solo de una biografía, significa evocar otra época que ha ido desapareciendo con el paso de los años pero que, sigue viviendo y latiendo en muchos corazones. Resalta la relevancia de la organización tanto de hombres como mujeres en todas las tareas, cada uno de ellos siendo importante para el bienestar del hogar. Siempre con alegría y optimismo sin dejar de lado sus obligaciones. El autor nos retrata con mucho mimo y detalle como sienten sus costumbres y tradiciones, nos muestra el amor mas puro que surge despacio, entre el calor de las cocinas y las voces de los que están y los que ya no. Brota en las alegrías y en el sonido de guitarras, en el cortijo de Hondares y en los repiques de los tambores.
En estas páginas conviven generaciones orgullosas de sus padres y abuelos honrando los recuerdos que quedan de todos ellos. Valorando la tierra que los vio nacer, en la que crecieron, donde amaron y de la que jamás se olvidarán.
Jesús Martínez recibió merecidos homenajes y su tambor fue la voz de Moratalla. Una vida dedicada al arduo trabajo, a su gran familia y siempre con un redoble de fondo.



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