Ellos


Antes de abrir la puerta sé que estás ahí. Oigo tus fuertes e inconfundibles pisadas como recorren el suelo blanco de la pequeña habitación.
Al alcanzar el desgastado pomo de la puerta y abrir te sorprendo hablando como siempre has hecho con ellos, de manera que ya formaban parte de nuestra vida. 

Me encantaba ver como, sin miedo alguno, te acercabas con tu mano para darles de comer mientras algunos, temerosos de tu cálida presencia se escondían en un rincón de sus pequeñas casas, muchas de ellas situadas en la parte más alta de la pared. 

En los días de lluvia decidíamos encender la luz, pero tan solo teníamos una bombilla colgada, sin más protección y que al subir la escalera para llegar a todos los rincones donde estaban ellos, siempre chocaba el frágil cristal de la bombilla con nuestras cabezas. Esa pequeña habitación pintada del color de tus verdes ojos donde de tantos buenos recuerdos la hemos llenado, al tener que abandonarla ya que decidieron por ti llevarse los momentos que habías vivido, llené el hueco que tenía en el corazón, tan grande cuando ya no estabas y lo guardé todo para recordarte siempre. 


Los pájaros, muchos y de varios colores tan alegres, tan vivos volaban libremente intentando pasar desapercibidos, otros ya se acostumbraron a tu presencia, a la rutina que sin darnos cuenta se adueña de nosotros. El agua fresca que llenaban sus bebederos era como un oasis para ellos, esas pequeñas bolitas que formaban su comida, rojas otras verdes, de tantos colores que tanto disfrutaban.


En un descanso, tan hambrientos mientras las manecillas del reloj, impasibles siguen su curso. Sin que escuches el casi silencioso ruido que el reloj situado en la mesita grita bajito al hacer girar las pequeñas agujas que marcan la hora de parar y reponer fuerzas. En la cocina, donde no caben más de tres personas nos preparamos lo de siempre, (¡cuanto lo añoro!) El olor a café inundaba el salón donde nuestras voces se confundían junto al canto de los pájaros. ese canto que me acompañara a donde vaya. 

Un periquito verde y sus alargadas alas amarillas, con ese pico de donde salen melodías preciosas, un agaporni con el pico anaranjado y sus alas grandes, abiertas para volar hacía su pareja que le espera más allá de la habitación. Todos ellos miran expectantes como tras terminar tus tareas decides cepillar tu pelo castaño del que tanto te quejas por no poder peinarlo a tu gusto, tan coqueto eras.

Tras cerrar esa puerta que en broma decías que te pertenecía, dejaste tantos recuerdos volando en aquellas paredes pintadas por nosotros junto con tus pájaros que todos y cada uno de nosotros te echaremos de menos.

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3 comments

  1. Respuestas
    1. ¡Muchas gracias Daniel! Me alegro que te guste, me da un poco de vergüenza todavía publicar mi textos.

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  2. Una composición muy emotiva. Se nota que está escrito desde lo más profundo de tu corazón. Ese amor sigue vivo. Perdura entre esas cuatro paredes. Es y será eterno.

    Prosista4senses

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